EDITORIAL 

Como quedó, quedó

Una prueba de que en Colombia todo es posible es el anuncio del presidente Juan Manuel santos el pasado fin de semana dando a conocer que el nuevo acuerdo ya era un hecho y que se cumplió con quienes ganaron el plebiscito por estrecho margen hace seis semanas.

Y no es que haya polarización, es que los colombianos somos así en todo, hasta en la comida. –Miren este sancocho tan desabrido, no, no, es mejor seguir con hambre.
-Espere traemos un aguacate y verá cómo cambia, espere-.
Y sí, traen el aguacate y se enriquece el sancocho y todos felices. Y en el matrimonio así somos. –No a mí no me gusta el cine en la casa. Eso es en el teatro con un buen tarro de crispetas y un litro de gaseosa. -Pues a mí sí me gusta acostarme a ver la película y preparo emparedados y café y no tengo que ver a nadie en un teatro-. Pero al fin se ponen de acuerdo y terminan entrepiernados en la casa comiendo crispetas con café.

Es cuestión de ceder un poco y en eso los colombianos somos maestros. Por eso no es raro haber encontrado la verdadera hoja de ruta consolidada con el visto bueno de toda la sociedad especialmente de los que impulsaron y ganaron con el NO.

Aunque ya hubo un trino criticando que no se había socializado con todos los de la oposición. ¿Qué más quieren? Hubo representación del NO en la mesa de negociaciones.

¿Entonces? Ya no más. Hay que empezar a curar las heridas de una guerra genocida que nos hizo odiar entre hermanos. Ya no más alargues, se sabe que no hay acuerdo perfecto y menos este porque es algo vivo que se debe ir moldeando hasta lograr que tanto los guerrilleros salgan de la idea de la violencia y conseguir que quienes los querían matar se acostumbren a que los verdaderamente fuertes son los que enfrentan el debate político y no los que disparan porque eso es más fácil pero más doloroso.

Fue rápida y si se quiere efectiva esta sesión del acuerdo y lo único que hay que esperar es si le corresponderá al Congreso refrendar e implementar lo que escrito está.

Los que hablaban de alterar con este acuerdo el bloque de constitucionalidad deben exigir que les devuelvan la plata en donde estudiaron derecho porque ese bloque de constitucionalidad nunca estuvo en peligro porque es ‘unidad sellada’, está blindado porque se trata del conjunto de derechos fundamentales y humanos que nunca se tocan porque es la ‘almendra’ de la carta magna. Lo único que se introduce a la Constitución en este caso es un artículo para que quede claro que se debe cumplir con lo pactado.

Así las cosas las Farc deben entregar sus bienes para reparar a las víctimas, no se expropiará a los terratenientes sin unas causas justas y nunca arbitrariamente.
Además se les permitirá a las Farc participar en política pero no sin antes haber pasado por el tamiz del Tribunal de la justicia transicional, que no tendrá juristas internacionales y que recibirá denuncias solo por dos años para terminar su labor en dos lustros.

Se impone ahora que definitivamente se piense en positivo porque si fue largo y difícil conseguir este acuerdo, llevarlo a cabo es muy complicado y como en el matrimonio no hay ninguno perfecto pero hay que irse acomodando con buenos sentimientos y sin debilidad.

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