image_content_26671833_20160813164134ANTIOQUIA 

“Detrás de migrantes está el crimen trasnacional”

Turbo ha sido el centro los últimos años y, particularmente este mes, de las corrientes migratorias de ciudadanos cubanos, haitianos, y asiáticos que anhelan llegar a Estados Unidos en busca de mejores oportunidades.

La gran mayoría dejan sus naciones de origen por conflictos o por problemas de pobreza, pero también es cierto que muchas de estas personas son presas de las redes trasnacionales del crimen.
Entran por la frontera ecuatoriana, cruzan los departamentos de Nariño, Cauca y Valle y llegan a Pereira.

Pero Medellín también juega un papel en este eslabón, porque la capital antioqueña es estratégica.

“Cuando analizamos el territorio de Medellín nos damos cuenta de que este gran valle tiene salidas estratégicas para todo el territorio nacional que conecta con salidas internacionales”, plantea el profesor Pedro Piedrahíta Bustamante, de la Facultad de Ciencias Políticas y del Centro de Humanidades de la Universidad Pontificia Bolivariana.
Algunos testimonios de migrantes han coincidido en que algunos son conducidos por los denominados “coyotes”, que les cobran entre 1.500 y 2.500 dólares a su paso por territorio colombiano.
Las rutas que hoy toman estos grupos humanos en Colombia guardan relación en el pasado con rutas de ilegalidad, según lo señala el profesor Piedrahíta. “En su momento sirvieron para el tráfico de oro, luego para el tráfico de mercancías (contrabando), después, en el siglo XX, para narcotráfico, para armas y hoy es la ruta para el tráfico de persona”, argumenta.
Además, al llegar a Urabá, región estratégica para continuar a Centroamérica y Norteamérica, es porque también, históricamente, ha sido una zona desde donde los grupos armados ilegales han operado para el tráfico de drogas y de armas.

El profesor Pedro Piedrahíta Bustamante hace una lectura de esta coyuntura actual, da pistas del pasado y hace ver las consecuencias hacia futuro de un fenómeno que es global: la migración de los seres humanos. Estos son sus planteamientos.

¿Cómo entender esta problemática de migración en el país que se ha concentrado en Turbo, Antioquia?
“Lo que hay que decir con las migraciones es que son naturales a la humanidad y a la sociedad. Incluso, las migraciones han permitido el desarrollo de la sociedad y de la humanidad. Por ejemplo, en el caso colombiano o, incluso, en el de América Latina, con la llegada de los españoles en 1492, ellos eran unos inmigrantes que posteriormente se conjugan en estados y culturas y dan un resultado que vemos hoy. La pregunta: ¿qué tenemos hoy en Colombia frente a las migraciones de cubanos, haitianos, paquistaníes, chinos, personas de Bangladesh, entre otros? Detrás de ellos hay unas estructuras criminales organizadas, que llamamos el crimen organizado trasnacional, que si bien es un fenómeno, hay diferentes estructuras que están detrás de ellos. Grupos armados ilegales que se especializan en diferentes formas de criminalidad. Hay que hacer precisiones y no podemos criminalizar al migrante. Este hace tránsitos por estos territorios en busca de oportunidades. Cuando los escuchamos, encontramos que migran porque tienen necesidades, vienen de países con conflictos, con violencia, con hambrunas y quieren llegar a los Estados Unidos porque allí esperan tener oportunidades. Pero detrás de ellos está la criminalidad organizada”.

¿En cuánto se estiman las ganancias de estas redes de criminales?
“Esta genera réditos por más de 5 millones de dólares al año solo en el tráfico de migrantes en Colombia. Los ‘coyotes’ cobran entre 1.500 y 2.500 dólares solo en el tránsito en Colombia, pero el paso por Centroamérica, desde Colombia, puede ascender a los 15.000 dólares. Si traemos todas esas cifras de agencias de inteligencia y gubernamentales, solo entre el 17 por ciento y el 20 por ciento de los migrantes son identificados, de resto todos pasan. Hay datos como que son alrededor de 550 cubanos que salen desde Cuba a pasar vacaciones a Ecuador, pero que hacen escala en Bogotá. Solo llegan al país vecino cerca de 130. Los otros se quedan en territorio colombiano o empiezan toda esta travesía para llegar a EE. UU.”.

¿Cuántos migrantes se calculan al año en Colombia?
“Eso puede llegar a los 20 mil, incluso otras personas dicen que son 30 mil migrantes. Pero decir cuál es el total es difícil saberlo. El dato exacto que tenemos son los que se deportan. El último reporte de Migración Colombia nos da cerca de 9.500 deportados este año. La pregunta que surge es entonces cuántos sí han logrado su objetivo de pasar por Colombia y hacer tránsito a otros países”.

¿Cuáles son las principales rutas que usan los migrantes en el país?
“La principal ruta es la del suroccidente colombiano. Vienen de la frontera con Ecuador y pasan a Nariño, Cauca, Valle, entran a Risaralda y a una zona que es el Cañón de Garrapatas, que hoy tiene fuerte presencia de grupos armados ilegales de guerrilla y Bacrim. Luego conectan con la principal ciudad del Eje Cafetero que es Pereira y posteriormente llegan a Medellín, que es un centro logístico de la criminalidad. Estoy diciendo que es centro logístico para armas, drogas y, obvio, personas en este caso, es lo más complicado de todo este escenario. En Medellín es simplemente coger hacia la parte alta de la comuna 13 y pasar Santa Fe de Antioquia y ahí está todo el camino expedito para llegar a Urabá. Esto nos muestra que Colombia es un territorio estratégico para la criminalidad y Medellín lo es. Más allá de todo el argumento común de que estos temas se asocian con el conflicto y la violencia, tienen que ver con temas de pobreza. Eso es válido, pero también hay una estructura criminal que se beneficia de estos territorios que tienen una ubicación estratégica”.

¿Acaso esta migración actual pone a Medellín como una especie de “capital” del crimen trasnacional?
“No diría que una capital del crimen porque hay que valorar unos cambios y cosas positivas estructurales en las que hemos avanzado mucho, lo que digo es en términos geoestratégicos. Cuando analizamos el territorio de Medellín nos damos cuenta que este gran valle tiene salidas estratégicas para todo el territorio nacional que conecta con salidas internacionales. La autopista Medellín-Bogotá donde está el río Magdalena, el principal corredor fluvial del país; pero también por la comuna 13 para salir a Urabá; por el sur para el Eje Cafetero y al norte encontramos la salida al Nudo de Paramillo. El reto que tenemos es controlar el territorio, las salidas estratégicas para evitar que estas dinámicas criminales se sigan fortaleciendo”.
Urabá, históricamente, es un punto de tráfico de armas y de drogas. ¿Ahora es un lugar privilegiado para hacer esa migración?
“Es un asunto histórico. Volviendo al Suroccidente, Popayán, que era la principal ciudad del Suroccidente en el siglo XVII, XVIII y XIX, tenía los caminos reales que comunicaban con Quito y con Tumaco, Buenaventura, Cali y con el Cañón de Garrapatas y con Chocó. Son rutas que nos muestran el siguiente comportamiento. En su momento sirvieron para el tráfico de oro, luego para el tráfico de mercancías (contrabando), luego, en el siglo XX, para narcotráfico, luego para armas y hoy es la ruta para el tráfico de personas, un escenario estratégico y Medellín muestra ese mismo comportamiento. Son rutas criminales no solo de narcotráfico. Las personas se pueden convertir en una mercancía que puede ser traficada fácilmente”.

¿Estas redes criminales son delincuencia común, están asociadas al narcotráfico, a la guerrilla?
“Hay que hacer una precisión. Cuando hablamos de crimen organizado trasnacional, todo esos actores pueden estar allí, no podemos pensar en el simple delincuente de barrio, el raponero, el pillo, el ladrón; no, es toda una estructura que tiene algo bien particular y es que mezcla temas de legalidad e ilegalidad. Por ejemplo, las redes criminales están sustentadas muchas veces en temas de corrupción. Gracias a la corrupción de funcionarios de autoridades migratorias en diferentes partes del mundo es que estos migrantes pueden pasar con tanta facilidad. En el caso colombiano, en la criminalidad organizada y en la trata de personas está involucrado cualquier grupo armado ilegal que usted se imagine porque por las mismas rutas que pasan los migrantes pasa la cocaína, la marihuana, todo el narcotráfico, las armas ilegales que vienen de diferentes partes del mundo. Son las mismas rutas”.

¿Las autoridades deben actuar contra quién?
“Esa es la pregunta: cómo resolver esto. Esto hace parte de las dinámicas de la globalización. Una de las cosas que impone la globalización a los Estados es que desaparecen las fronteras, quiere decir que es la comunicación en tiempo real de todo. Para los seres humanos no existen las fronteras, pero para las autoridades e instituciones del Estado sí, porque hay un tema de jurisdicción que se debe hacer cumplir. Cómo atacar esta problemática, ir detrás de los migrantes no es la mejor opción. Hoy el dato es que de cerca de 1.500 migrantes cubanos que había en Urabá solo quedan 300 (datos a mitad de semana) y entonces los otros 1.200 qué pasó con ellos, ¿fueron deportaciones voluntarias? Simplemente dan unos pasos atrás y vuelven a empezar la ruta. El tema exige alta cooperación de las relaciones internacionales entre Estados y cooperación con agencias de inteligencia, que son las que hacen escuchas y seguimientos. Por ejemplo, Ecuador tiene en este momento más de 40 mil cubanos en su territorio en la misma situación de ilegalidad, eso implica coordinación entre autoridades ecuatorianas y colombianas”.

¿Cómo considera que ha manejado el Gobierno colombiano esta situación coyuntural?
“Lo que evidencia esto es la llegada tardía del Estado frente a los problemas. Frente a los cubanos en Turbo se han dicho muchas cosas. Las cifras no son exactas, que 1.500, 2.000 y hay quienes se atreven a afirmar que 4.500. Pongamos una cifra intermedia: 2.000. Unos 2.000 no aparecen de la noche a la mañana. Eso muestra varias cosas, una posible corrupción en el interior de las autoridades migratorias, pero también de los organismos de seguridad y de nuevo muestra baja capacidad a la hora de actuar o que actúan cuando el problema está crecido. Cuando usted tiene 2.000 migrantes varados en Turbo, el Estado llegó tarde. Imagine el tema logístico para deportar 2.000 personas”.

¿Qué características hacen similar esta migración con otras que hay en el mundo?
“La migración es un tema de todo el mundo, mire la problemática en Europa. Hoy, el gran problema para los alemanes son los migrantes turcos y sirios. En el caso de Siria, desde 2011 con la guerra, se crecieron las migraciones a Europa. Eso tiene un sentido humanitario y es entendible. Pero muchos sirios están llegando con papeles (pasaportes) a Europa. ¿De dónde salen esos pasaportes? Ahí es donde entra la criminalidad, por un lado va un asunto humanitario, pero por el otro lado aparece el negocio criminal. En general son problemáticas sociales. Ecuador la tiene, pero los argentinos también tienen migraciones de bolivianos, peruanos y de diferentes partes de Suramérica. Pero volviendo al caso de Alemania, ellos muestran rechazo a estas migraciones porque para el alemán del común no es lógico que paguen impuestos y luego llegue un migrante a reclamar todos los servicios del Estado gratis y a cambiar sus costumbres, entonces todo lo que se genera ahí son unas condiciones amenazantes para la seguridad del Estado y un choque cultural que puede generar olas de violencia en el interior de estas sociedades”.

¿Cómo ha visto la posición de la Cancillería?
“Si lo planteamos en términos de la figura del Estado es la posición de un Estado muy débil, que nos seguimos basando en términos formales que están bien, pero no pasamos a acciones reales. Lo que deben hacer los estados es una cooperación muy fuerte entre los organismos de seguridad y los de inteligencia para atacar la criminalidad organizada, no es que necesiten tanques, aviones sino información y eso implica agencias de inteligencia y de la mano que vayan los fiscales y jueces, así es que se pueden desarticular estas estructuras criminales. La criminalidad organizada no es un asunto exclusivo de Colombia, incluso las estructuras de crimen trasnacional en el país son pocas en comparación con países como Rusia o de Europa y los mismos Estados Unidos”.

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