13438811_10154274082494154_8657198169928624964_n (1)DERECHOS HUMANOS OPINIÓN 

Hoy hace 52 años se declaró la guerra que en Colombia, tras los pronunciamientos en la Habana, apenas termina

Por: Ferney Suaza Marín
Un martes, un martes, veintitrés de junio de mil novecientos sesenta y cuatro, como la fecha de hoy, amaneció la localidad de Marquetalia en el Tolima, con una cantidad de hombres, de mujeres y de niños, muertos por la acción arrasadora de “La Viruela Negra”, tras los bombardeos indiscriminados, inmisericordes, del “glorioso” Ejército de la patria, en Colombia, en desarrollo de la inclemente, sangrienta, despedazadora, “Operación Soberanía” del risible, por arrodillado, ¡pero catastrófico!, “Frente Nacional”, contra unos campesinos organizados que fueron tildados de comunistas.
Y un martes, un día martes, un martes nefasto, como el día en que nació Rafael Uribe Uribe, un martes cinco de abril de mil novecientos sesenta y seis -día y número infortunado en la historia de ésta república, a la que he llamado “Ciudad Reyes”-, se inicia, con los sobrevivientes de aquel escalofriante bombardeo, por consejo de los Yanquis, la Conferencia del Bloque Sur, donde surgen las FARC, esa infausta y prehistórica organización guerrillera que habría de existir por 52 desgraciados largos años en mi país, hasta hoy.
¿Aquel nombre era autentico? No lo sé, pero suena igual, casi igual, al nombre que en el sur del continente llevó un grupo armado marxista, en aquellos aciagos años de plomo: Fuerzas Armadas (Argentinas) Revolucionarias: FAR.
¿Qué hay de innovador ahí, en ese nombre, señores re-vo-lu-cio-na-rios copietas de las FARC? ¡La C, la C, de copistas, la C de Colombia, la C de “Ciudad Reyes”, La República del Horror!. Esa es parte de la herencia malsana que nos dejó el ―”digno” caballero, nacido martes, que solía llenarse la boca diciendo, «Ni filosofía, ni política, ni legislación, ni literatura original hemos tenido…», Rafael Uribe Uribe, esa Oca Sagrada de algunos arguciosos compulsivos, guerreristas de hoy, que se fue al sur del continente de Colombeia a copiar, a imitar también, lo más nefasto de aquellas naciones, su tétrica y macabra tradición militar de donde surgió la más grande tragedia a esta República como he dicho y se dirá.
Este mismo personaje que, tras participar de tres guerras fratricidas sangrientas, la de 1885, la de 1895 y la de los 1128 días, dijo: «Lo hemos pasado divertidos en el sport de la guerra… Necesitamos hacer patria con las herramientas fecundas del trabajo». Y «No es tanta la sangre que nos hemos hecho por nuestra propia cuenta, como la que hemos vertido por cuenta de Bentham, Tracy, Comte, Darwin, Renán, Zolá, Max Nordau y Nietzsche, de un lado, y el Vieullot, Dupanlu, Donoso Cortés, Menéndez Pelayo y los autores del Syllabus, por otro. Ni filosofía, ni política, ni legislación, ni literatura original hemos tenido… y hemos creído muy inteligente, muy estético y muy caballeresco entrematarnos por teoremas que el pueblo a quien hemos arrastrado a los campos de muerte no supo nunca con qué salsa se comían». Esos teoremas del comunismo, esos teoremas del capitalismo, que nos llevaron por el despeñadero, breñoso, salvaje, en una caída vertiginosa durante 52 terribles años, que apenas cesan. Hoy es un nuevo día, un día de esperanza, en mi país. Un día que, pese a mi salud, no quise dejar pasar sin ésta nota, porque es un día de felicidad, por lo que podría venir, días sin guerra, con las FARC, que los de mi generación y mi pequeña hija, Yara y sus amigos, no hemos conocido. Por esto digo, aún incrédulo, <<Hijo feo de Calibán –como el monstruo terrible de “La Tempestad”- dadnos la paz y veras que los que nunca la conocimos, te amaremos por siempre>>.

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