220611 Juan Manuel Santos, presidente de Colombia.  Foto Presidencia/Luis EcheverríaEDITORIAL SUCESOS 

Peor que tartamudear

Podrá ser cualquier cosa el presidente de Colombia Juan Manuel Santos, todo, menos un buen estratega para llevar un mensaje a la gente, eso puso en peligro su carrera a la presidencia para lo que se había preparado desde muy joven con tozudez, con terquedad y lo logró por encima de lo que pensaban sus propios asesores.

El presidente de Colombia es un hombre extremadamente terco, obstinado dirían los elegantes, persistente sería el adjetivo de las señoras que van a misa, porque eso es lo que demuestra. Se metió en la cabeza ser presidente y lo logró venciendo con terapia una tartamudez estilo James y utilizando un discurso ‘prestado’ de su jefe anterior que esperaba ‘gobernar en cuerpo ajeno’, pero no contaba con la astucia de Santos que ‘quería templar y mandar, mandar era la consigna’, no ser el mandadero sino el patrón y por eso una vez conseguidos los votos, pues adiós al amigo, se quedó con el pan y con el queso. Desde ahí su exjefe se dedicó a cobrarle lo que consideró una traición y ‘se la montó’, por cualquier cosa lo ataca, nada de lo que haga su exministro de defensa le sirve.

Por su parte Santos se dedicó a darle argumentos para que lo ataque como si eso lo divirtiera o porque es incapaz de mantener la unidad en el discurso tal como lo prepara con sus asesores y entonces en medio de cualquier alocución se le ‘salta la cadena’ y termina diciendo estupideces totalmente inexistentes en boca de un verdadero estadista.
Por ejemplo una de las frases que lo dejó como un zapato y le hizo perder muchos puntos las encuestas de imagen fue la de “el tal paro no existe” cuando más de medio país estaba paralizado incluyendo bloqueo de vías y quema de vehículos.

Claro que hay quienes le cobran frases desde la campaña como la de que podía escribir en mármol que no aumentaría impuestos y ahora en otra de sus frases amenazantes dijo que si no se firma la paz hay que imponer impuestos porque harían falta recursos para fortalecer al ejército.

Es que en Santos se une el tartamudeo que padece desde niño, la escasez de carisma y la salida de libretos con características de emotividad, parece como si no pensara antes de hablar y deja la sensación de que se arriesga a caminar sobre una cuerda floja de conceptos. Lo malo es que varias veces se ha caído sin red para que le minimice la caída.

Pero la ‘joya’ fue una de las últimas que pronunció en un Foro Económico mundial cuya versión latina se llevó a cabo en Medellín: “Tenemos información amplísima de que ellos -las Farc- están preparados para volver a la guerra en el sector urbano”.

Casi todos los sectores interpretaron esa frase como amenazante y de alguna manera firmaba la intención enfermiza de Santos: Lograr la desmovilización de las Farc, no la paz, porque esa está lejos, a cualquier precio.

Como si fuera poco va dando fechas que no se cumplen, dijo que las conversaciones sería cuestión de meses y vamos para 8 años, desde el año pasado cifró las esperanzas en que el 23 de marzo de este año se firmaría la paz y tampoco ahora dio otra fecha, la patriótica: el 20 de julio que a pocos emocionó y que a las Farc no les gustó.

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