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Superman, la nueva droga que amenaza a Colombia

Está versión potenciada del éxtasis ya está en el país y las autoridades no saben cómo combatirla. Las cinco muertes en Argentina prendieron las alertas

Es viernes y Juliana Acosta, como suele suceder cada semana, libera la tensión de la universidad en una fiesta electrónica en Baum. Esa noche la primera tanda de música no le gusta y el cansancio empieza a pegársele como un óxido en la piel. Llamó a Nicolás, su dealer de confianza, pero el tipo estaba en Paipa. El segundo dj tiene fama de ser muy bueno así que no tiene ningún problema en pagar 30 mil pesos por Superman, una pepa tan grande como la yema de un dedo y de un naranja intenso. Con los dientes la partió en dos y le dio el otro pedazo a su amiga. Transcurren 15 minutos, media hora, una hora. El cansancio no se va, siente que la han tumbado. Nadie le ha explicado que lo que ella cree que es éxtasis o MDMA, una droga que te desinhibe, te da sed y euforia y que se asimila rápidamente al cuerpo, está mezclada con PMMA, una sustancia que se toma más tiempo en hacer efecto. Por la ansiedad y el miedo de perderse el toque, Juliana compra otra pepa y se la mete completa. A las dos horas, hastiada del tumulto y sintiendo que el árbol gigante del lugar se le viene encima, sale de Baum con el corazón disparado y la necesidad imperante de que la vea un médico. Ésta vez ha corrido con suerte, ha sido sólo un susto.

La misma suerte no corrieron los dos lituanos que cayeron en Inglaterra a principios de 2015 cuando, asustados porque el efecto de la PMMA no los enloquecía, se tomó, cada uno, un par de Superman que les causó una hipertemia fulminante; es decir que, de un momento a otro, el organismo les dejó de funcionar y ahí quedaron, tendidos en el piso de una discoteca. Lo mismo le sucedió a los cinco argentinos que sucumbieron en Costa Salguero a mediados de abril y a otros 50 jóvenes que han muerto, por el consumo de esta sustancia, en todo el mundo.

Supermán no es el que mata sino la desinformación. Cientos de miles de personas disfrutan cada fiesta electrónica con esta pepa naranja sin que al otro día no amanezcan con el más mínimo atisbo de resaca. Ellos le han dado el tiempo prudencial para que la sustancia surta efecto, la han tomado en la dosis correcta y su dealer particular les ha explicado que es una mezcla, placentera en la medida indicada, de MDMA y PMMA.

La noticia de las muertes en Argentina, difundida por medios nacionales, desató la histeria. Ahora la policía se rasca la cabeza pensando como penalizar unas sustancias que son tan pequeñas, tan microscópicas, que una buena cantidad de ellas cabe en una billetera. No hay manera de pesarlas. A largo plazo la MDMA y la PMMA, como el LSD, son menos nocivos y adictivos que la cocaína. Se puede pasar 12 horas enfiestados con el MDMA cabalgando por las venas sin que el rumbero no tenga necesidad de alcohol: con la botellita de agua basta. El viaje es introspectivo y la alegría, con la música y la compañía adecuada, es indescriptible. Tiene unas honduras y una profundidad que la cocaína nunca va a tener.

Iniciativas como Échele cabeza que, con sus carpas negras y ya sin presupuesto de la alcaldía intenta estar en cada rumba electrónica, ayudan a comprobar la pureza de la droga y evita tragedias como las que han sucedido en Europa y en Argentina. Los jóvenes, ahora abocados a farriar después de las siete de la mañana, como lo comprueban la cantidad de clubes clandestinos que abren a esa hora para rematar la fiesta nocturna, evidencia que la era de la cocaína y de la marihuana han terminado. Entre los menores de 20 las drogas sintéticas son los que mandan la parada.

La prohibición y la satanización de esas drogas derivarían problemas mayores como sucedió a principio de los años 80 con el bazuco y el crack. Información y no represión es lo que piden ahora los jóvenes, es lo que exige la nueva fase que está viviendo la guerra contra las drogas.

Por: Las2orillas

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